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Paisajes Saludables y Personas Saludables: Lecciones de los Rarámuri


Agosto es la temporada de lluvias en la Sierra Tarahumara y cerca de la comunidad de Norogachi, el cielo azul y las algodonadas nubes redondas se convierten rápidamente sobre nuestras cabezas en un agitado cielorraso gris. José Pedro Turuséachi, un indígena Rarámuri campesino y líder de la comunidad, nos ofrece un recorrido por los maizales de su comunidad, que ahora prosperan con las saludables lluvias y a pesar de los suelos arenosos de la Sierra. Cuando escaparon hacia estas montañas siglos atrás huyendo de los invasores españoles, los Rarámuri trajeron con ellos su maíz sagrado, que se adaptó ingeniosamente con el tiempo para florecer en este exacto lugar.

Un orgulloso campesino y padre con una voz suave y aire serio, Pedro posee un escepticismo saludable de las líneas rectas y los ajustes tecnológicos traídos por sucesivas olas de técnicos agricultores forasteros que prestan poca atención a las curvas y sinuosidades de este paisaje montañoso. Es un miembro clave de la Consultoría Técnica Comunitaria (CONTEC), una ONG nacional que trabaja en el estado de Chihuahua para respaldar a los campesinos indígenas combinando sistemas de conocimiento tradicional con tecnologías basadas en la naturaleza.

“Cultivar no es solo conocer las semillas o la tierra, también es conocer el bosque, la lluvia y el viento. Se relaciona con los animales, se relaciona con la cultura, la comunidad y el pueblo”, comenta. “Las semillas nos ayudaron a comprender cómo vivir en el mundo y cómo coexistir con la naturaleza”.

Los Rarámuri se basan en la rica herencia de muchas variedades de maíz que sus ancestros domesticaron y trajeron a la Sierra. Con la creciente marginalización y la emigración de hombres para trabajos poco calificados, las mujeres juegan un papel cada vez más dominante en la producción de maíz.

Los Rarámuri se basan en la rica herencia de muchas variedades de maíz que sus ancestros domesticaron y trajeron a la Sierra. Con la creciente marginalización y la emigración de hombres para trabajos poco calificados, las mujeres juegan un papel cada vez más dominante en la producción de maíz.

En las comunidades Rarámuri de la Sierra Tarahumara, como Norogachi, las rancherías de suelos arenosos en terrazas y campos con divisiones de muros de piedra, toman la forma de un complejo paisaje de colinas, bosques y ríos.

En las comunidades Rarámuri de la Sierra Tarahumara, como Norogachi, las rancherías de suelos arenosos en terrazas y campos con divisiones de muros de piedra, toman la forma de un complejo paisaje de colinas, bosques y ríos.

Además de trabajar sus propios campos, Pedro lidera talleres de CONTEC en las comunidades Rarámuri ayudando a los campesinos a aprovechar las tecnologías agroecológicas para controlar las plagas, enfermedades, sequías y erosión. También ayuda en la organización de las comunidades para enfrentar la más reciente ola de invasores: la tala ilegal y los proyectos de desarrollo vertical, así como la moda que existe con las semillas de “alto rendimiento” y sus compañeros petroquímicos. En toda la Sierra, estas batallas se realizan en el contexto del cambio climático en paisajes de tierras altas secas donde se prueba la viabilidad del maíz.

Los Rarámuri y sus aliados en la Sierra hablan de la defensa del maíz, su actitud David versus Goliath contra la incursión de variedades no nativas que están siendo introducidas por forasteros, incluyendo semillas modificadas genéticamente que están oficialmente prohibidas aquí. El maíz se defiende como a un familiar muy cercano cuya diversidad y belleza es parte de cada etapa de la vida. Los Rarámuri creen que estas variedades extranjeras y sus costosos paquetes de insumos enfermarán sus tierras y si sus tierras se enferman, también lo harán los Rarámuri.

Hoy en día, la deforestación, el turismo y el narcotráfico también están afectando las tierras Rarámuri y al mismo tiempo la disminución del conocimiento y disponibilidad de plantas medicinales y vegetales comestibles impactan directamente en la salud de la comunidad. Una floreciente red de campesinos y comunidades fortalecidas, sin embargo, está cambiando las cosas en la Sierra Tarahumara, recuperando un sendero de desarrollo endógeno que puede servir como ejemplo para el resto del país.

La batalla contra la obesidad

Entre a una tienda en Creel, el anterior centro de tala ahora convertido al turismo y será fácil ver por qué México ocupa el sexto lugar en incidencia de diabetes en el mundo. Los resplandecientes paquetes de bocadillos brillan como fuegos artificiales en la luz, ofreciendo dosis concentradas de grasas y azúcar. Aunque la dieta tradicional Rarámuri se compone de legumbres, granos y vegetales de hoja verde saludables provenientes de la tierra, la sigilosa economía en efectivo y los nuevos caminos están guiando a muchos a esta despensa de alimentos procesados y envasados, la primera parada para el sustento en el peligroso viaje desde la agricultura a tiempo completo hacia… algo más.

Los alimentos procesados se extendieron rápidamente en México, que ahora posee altas tasas de diabetes a nivel mundial. Como en otros lugares, los indígenas y otros grupos mexicanos que mantienen dietas tradicionales muestran tasas mucho más bajas de esta enfermedad

Los alimentos procesados se extendieron rápidamente en México, que ahora posee altas tasas de diabetes a nivel mundial. Como en otros lugares, los indígenas y otros grupos mexicanos que mantienen dietas tradicionales muestran tasas mucho más bajas de esta enfermedad

En oposición a los productos envasados y procesados, los humildes alimentos frescos y granos, como la tradicional tortilla, brindan una mejor dieta en términos de salud y contribuyen a mantener la vida doméstica y cultural

En oposición a los productos envasados y procesados, los humildes alimentos frescos y granos, como la tradicional tortilla, brindan una mejor dieta en términos de salud y contribuyen a mantener la vida doméstica y cultural

Existe una crisis de salud alarmante en México, con 10 millones de personas que padecen diabetes de tipo 1 y tipo 2. Pero a diferencia de los nativos norteamericanos, que tienen el doble de probabilidad que los norteamericanos blancos de padecer diabetes, las comunidades indígenas mexicanas tienen menos probabilidad de desarrollar diabetes y obesidad que otros compatriotas no indígenas, según una gama de investigaciones incluido un estudio realizado por Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. La diferencia, en gran parte, es que muchos mexicanos indígenas como los Rarámuri todavía obtienen alimentos saludables directamente de la tierra, una tarea que requiere significativamente mucha más energía física que buscar una bolsa de papas fritas y una Fanta en la tienda de la esquina.

Aunque las comunidades Rarámuri tengan dietas en conjunto más saludables que otros mexicanos, no están libres de enfermedades. Ubicados lejos de las modernas clínicas y doctores, muchos Rarámuri padecen enfermedades fácilmente curables, tienen poco acceso a programas de vacunación básicos y experimentan altas tasas de mortalidad infantil. Afrontando estos problemas, hay una red distribuida de Promotores de saludcomunitaria, cerca de 120 indígenas voluntarios (en su mayoría mujeres) capacitados en una mezcla de tradiciones curativas Rarámuri y enfoques de salud pública occidentales. Respaldado por la Christensen Fund a través de la diócesis de la Sierra Tarahumara, que practica una notable tradición de la teología de la liberación en esta región, este grupo creciente de trabajadores de la salud brinda atención médica básica a domicilio y asesoría en temas de salud a 166 localidades donde la mayor parte del tiempo no hay un médico.

Uno de estos promotores de salud es Jesusita, una maestra sanadora Rarámuri con un conocimiento enciclopédico de la flora local obtenido mayormente de su madre. Jesusita y sus colegas comparten con nosotros los conocimientos básicos de su práctica de salud rural, que incluye enseñar a las personas sobre la diabetes y los peligros de los alimentos con grasas y bebidas gaseosas. Dice que los promotores de la salud han curado la diabetes de muchos miembros de la comunidad recetando plantas medicinales y un cambio hacia una dieta tradicional incluido algunos nutritivos vegetales de hoja verde, quelites, que los Rarámuri de la Sierra Tarahumara alentaron a crecer junto con su maíz durante generaciones. Estos quelites saludables pueden haber sido descartados como malezas por los agrónomos y considerados como retrógrados por las autoridades, pero como los Rarámuri, contra todos los pronósticos, sobrevivieron por siglos.

Con la aceptación gradual de la iglesia y el respaldo de TCF, la medicina tradicional está experimentando un renacimiento a través de Sierra Tarahumara. Aquí, Rebeca (derecha), una líder de grupo de los Promotores de salud de la comunidad de Samachike, describe una pequeña parte del potente inventario del grupo

Con la aceptación gradual de la iglesia y el respaldo de TCF, la medicina tradicional está experimentando un renacimiento a través de Sierra Tarahumara. Aquí, Rebeca (derecha), una líder de grupo de los Promotores de salud de la comunidad de Samachike, describe una pequeña parte del potente inventario del grupo

De hecho, el conocimiento de las plantas locales no es estático e incluso cuando aparentemente se ha perdido, puede regresar nuevamente cuando las personas tengan la voluntad de buscarlo. “Algunas veces el conocimiento [de las propiedades medicinales] de las plantas proviene de los sueños”, comenta Jesusita, describiendo las formas en que el conocimiento medicinal tradicional es administrado dentro de la comunidad de Samachike.

Al reforzar el uso y conocimiento de las plantas medicinales y comestibles y trabajando dentro de los conceptos sobre la salud de los indígenas, los Promotores de salud comunitaria mejoran el bienestar de las personas y el paisaje. A medida que más personas se vuelcan a las variedades botánicas nutritivas que les brindan más vitaminas, minerales y antioxidantes, los campos, laderas, animales e insectos se benefician con una red de biodiversidad más rica y resistente. Eso es lo que los Rarámuri quieren significar cuando comentan que la salud individual es inseparable del Todo. Tal vez el truco sea ayudar a México a incorporar la misma sabiduría en su salud y estrategias agrícolas locales y nacionales.

Desde la Tierra hasta la cima

Los alimentos frescos de los Rarámuri son de temporada y en un día lluvioso de verano asistimos a un banquete que incluye esquiate (una bebida de maíz tostado), nopal (cactus) y quelite de agua, uno de los muchos vegetales de hoja verde que todavía se cultivan o recolectan en estas montañas. Las deliciosas variedades incluyen plantas comestibles de los géneros Amaranthus, Brassica, Chenopodium, Cosmos y Bidens.

En un esfuerzo colectivo por proteger el conocimiento y las semillas de los quelites nutritivos de la región, el etnobotánico Dr. Robert Bye, que trabaja junto con los investigadores Rarámuri y el Instituto de biología de la Universidad autónoma de México (UNAM), documentaron más de 120 especies de plantas comestibles en la Sierra Tarahumara. Los proyectos de investigación de este tipo algunas veces se utilizaron para extraer conocimiento y explotar la herencia natural de las personas indígenas, pero el Dr. Bye y su equipo esperan desarrollar una base de datos publicada con una interfaz de acceso adecuada culturalmente para los Rarámuri, incluyendo imágenes de las plantas y semillas, imposibilitando legalmente que los forasteros reclamen un “descubrimiento” sobre su herencia tradicional. Además, para mejorar la soberanía de los alimentos y desarrollar más opciones de sustento para los Rarámuri, el Dr. Bye y otros colaboradores locales están trabajando en el primer sistema hidropónico para ofrecer estos deliciosos quelites en mercados locales e incluso finos restaurantes de la ciudad de México.

Para Pedro, cualquier iniciativa nacional que refuerce el cultivo y consumo de variedades indígenas tiene sentido.

“Las agroindustrias cultivan las semillas que solicitan los mercados y el campesino cultiva las semillas que le pide la naturaleza, que la naturaleza favorece”, comenta. “Esta es la gran ventaja de nuestro tipo de cultivo. El campesino produce principalmente las semillas para comer y no para vender, quizás para intercambiar”.

“Nuestras semillas nos ayudan a intercambiar conocimientos”.

A lo largo de las tierras indígenas de México, todavía prospera una extraordinaria diversidad de maíz. Los diferentes tipos añaden resistencia a la agricultura en ambientes variables y respaldan una amplia diversidad de tipos de cocina y comidas. Además, los campesinos consideran al maíz nativo algo hermoso y les gusta compartirlo entre ellos

A lo largo de las tierras indígenas de México, todavía prospera una extraordinaria diversidad de maíz. Los diferentes tipos añaden resistencia a la agricultura en ambientes variables y respaldan una amplia diversidad de tipos de cocina y comidas. Además, los campesinos consideran al maíz nativo algo hermoso y les gusta compartirlo entre ellos

Pedro Turuséachi (CONTEC) y Juan Daniel Villalobos (Rakema) son parte de una red de agrónomos asentados en la comunidad y activistas culturales que juegan un papel crucial respaldando a los Rarámuri a implementar la diversidad según el clima y recuperarse del cambio climático, de las sequías y la variabilidad

Pedro Turuséachi (CONTEC) y Juan Daniel Villalobos (Rakema) son parte de una red de agrónomos asentados en la comunidad y activistas culturales que juegan un papel crucial respaldando a los Rarámuri a implementar la diversidad según el clima y recuperarse del cambio climático, de las sequías y la variabilidad

Viajamos fuera de Creel al pintoresco rancho de Juan Daniel Villalobos y su ONG, Rakema A.C., establecida en medio de riscos marrones rojizos y coníferas verdes en la sierra alta con una explosión de numerosas variedades de maíz y frijoles. Estos campos, y los edificios aledaños, sirven como un banco de semillas in-situ y como estación de cultivo experimental para muchas de las más importantes variedades de la región. Pedro habla entusiasmado con Juan Daniel, uno de los pocos granjeros no Rarámuri quien se ganó el respeto y confianza de los granjeros indígenas en esta región, arduos trabajadores campesinos que pertenecen a la zona, como Pedro Turuséachi. Solo algunos años atrás, la Sierra Tarahumara fue golpeada por una larga sequía que trajo hambruna a muchas comunidades. Frente al cambio climático, tanto Pedro como Juan Daniel están trabajando para asegurarse de que esto no suceda nunca más.

Rakema contribuye a sustentar y proporcionar abundantes semillas de importantes variedades a campesinos en momentos críticos y también se unió con sus socios de la comunidad en un extraordinario esfuerzo de cultivo para generar nueva diversidad que puede ayudar a los granjeros a adaptarse al entorno cambiante. Rakema cruzó deliberadamente todas las líneas tradicionales de maíz para producir una abundancia de tipos de semillas en los cuales las innovaciones genéticas en diferentes líneas (por ejemplo con respecto a la tolerancia a las heladas y sequías) se transfieren entre líneas de genes. Una red de campesinos que cultiva en diferentes altitudes y tipos de suelos en la Sierra siembra estas nuevas variedades, volviendo a seleccionar rigurosamente aquellas que cumplen los objetivos agronómicos o culinarios. Este esfuerzo nacional es un ejemplo líder mundial de cómo implementar la diversidad de herencia y habilidades para seleccionar plantas indígenas para enfrentar el cambio climático.

Funcionando bajo el principio compartido Rarámuri de Kórima, que podría traducirse como “Lo mío es tuyo”, Rakema es una parte clave en el movimiento comunitario, permitiendo que comunidades dispares en la Sierra colaboren e implementen la intensificación agroecológica para cumplir con la creciente demanda de alimentos y agua frente a varias amenazas. Este movimiento reúne académicos, la iglesia, ONG locales e internacionales y líderes de la comunidad como Juan Daniel y Maria Luisa Bustillos Gardea, una formidable mujer Rarámuri que lidera una nueva organización indígena, Grupo Nátika, con el objetivo de unir a varios pueblos indígenas para reivindicar el control de la gestión de una cuenca acuífera en la Sierra.

Maria Luisa Bustillos, una activista comunitaria de larga data en la Sierra Tarahumara, asiste a una convocatoria de campesinos locales y líderes en Creel

Maria Luisa Bustillos, una activista comunitaria de larga data en la Sierra Tarahumara, asiste a una convocatoria de campesinos locales y líderes en Creel

Las personas indígenas aprendieron la vulnerabilidad de poseer hermosas tierras. Aunque el desarrollo del turismo en el las Barrancas del Cobre ofrece oportunidades de empleo y ventas de artesanías, se requerirá un modelo diferente para garantizar beneficios equitativos y evitar una mayor enajenación de tierras en la Sierra

Las personas indígenas aprendieron la vulnerabilidad de poseer hermosas tierras. Aunque el desarrollo del turismo en el las Barrancas del Cobre ofrece oportunidades de empleo y ventas de artesanías, se requerirá un modelo diferente para garantizar beneficios equitativos y evitar una mayor enajenación de tierras en la Sierra

En una reciente convocatoria de líderes indígenas y sus aliados en Creel, organizada por la Christensen Fund, Maria Luisa expuso su visión para una nueva era de colaboración indígena en los territorios de los Rarámuri.

“Deseamos que la juventud actual, de la mano de los ancianos, continúe trabajando para garantizar que nuestra cultura permanezca fuerte”, dice. “Debemos continuar con nuestras formas de cultivo, nuestras formas de aprender y conocer para que podamos continuar cuidando nuestras tierras y nuestro mundo”.

A medida que el campo a su alrededor es capturado por el tipo de desarrollo que puede enfermar tanto a las personas como a las tierras, los Rarámuri creen que sus territorios pueden cuidarnos a nosotros solo si nosotros cuidamos de ellos. Están trazando un nuevo curso para la Sierra que es rico en lecciones para otras partes de México y para el mundo.

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